
Hay etapas en las que el alma comienza a moverse antes que la mente.
Empiezas a sentirlo sin saber cómo nombrarlo: cosas que antes te llenaban, ahora pesan; tareas que hacías con gusto, ahora requieren más energía de la que puedes dar. No porque hayan dejado de ser importantes… sino porque tú has comenzado a transformarte.
Estuve en transición…
Y aunque aún no tengo todas las respuestas, sí tengo la certeza de que hay cosas que ya no quiero seguir haciendo. No porque hayan perdido valor, ni porque hayan dejado de resonar… sino porque yo ya no soy la misma.
He pasado mucho tiempo sosteniendo espacios que amo profundamente. Y por eso, soltar algunos de ellos me ha tomado tiempo, coraje, y mucha autoescucha. Pero sé que para poder expandirme, necesito abrir espacio.
«Y eso comienza por honrar lo que ya fue… y tener el valor de elegir lo que quiere nacer ahora.»
En el post anterior te dije que estaba lista para contar mi historia… y para hacerlo, necesito regresar un poco en el tiempo. Volver a esos momentos que me trajeron hasta aquí, hasta este preciso instante en el que escribo mirando los árboles desde mi ventana, agradeciendo por el viento fresco que me regala esta tan esperada y hermosa primavera del 2025.
En los últimos 17, casi 18 años, he vivido muchos despertares. También muchas noches oscuras del alma. De esas que implican una iniciación silenciosa, un llamado interior que no siempre sabemos nombrar, pero que nos arrastra a través del fuego sagrado de la transformación. Como si en algún plano, fuera de éste lo hubiéramos elegido, aunque en esta vida no lo recordemos…
Durante ese mismo tiempo, me convertí en mamá. Fui canal para que dos hermosas almas llegaran a este mundo. Y si bien me llené de un amor tan inmenso como desconocido, también me enfrenté al miedo más profundo: el de no ser suficiente, de no estar a la altura para acompañar a estos seres en su camino. Lo que no sabía entonces, es que mis hijos serían mis grandes iniciadores. Cada uno de ellos fue guardián y guía de un umbral que yo tenía que cruzar. Y sin saber conscientemente que así sería, detonaron en mí el despertar de consciencia que me ha traído hasta aquí.



Fue en ese proceso donde comenzó a manifestarse una tristeza profunda. Una depresión silenciosa que me acompañó durante casi 14 años y que me tomó todo ese tiempo comprender. No era un desequilibrio clínico per se… era un llamado del alma. Una invitación a rendirme y dejarme atravesar por la oscuridad para poder finalmente recordar lo que tanto necesitaba entender:
“Que la tristeza era una señal. Una guía disfrazada. Una llave hacia mi verdad.”
Gracias a la maternidad, al amor… y sí, gracias también a esa bendita tristeza, fue que comencé mi camino de búsqueda. Un camino que desde el inicio parecía prometer que algún día encontraría lo que necesitaba. Yo era literalmente una bebé en lo espiritual. Dormida ante la vida. Viviendo bajo el hechizo de la ilusión, sin la carga del saber… pero con el peso invisible de sentir más de lo que podía ver. Ese profundo sentir fue siempre mi guía y aunque tardé un tiempo en comprender cómo integrarlo, nunca se fue. Estuvo allí… como un faro en la niebla.

En medio de ese mar emocional, llegué a la meditación y esta me llevó a los chakras y al Yoga, luego a la Wicca, más adelante a la Kabbalah. Mientras exploraba el calendario de la kabbalah, que en aquel entonces estaba más ligada al judaísmo que a la kabbalah como tal… algo dentro de mí comenzó a hacer ruido. No todo encajaba. Así que, como muchas veces en mi vida, me salí de los márgenes. Y fue entonces que encontré la magia, el tarot, la astrología…
La Astrología, en especial, fue un barco en medio de esas aguas revueltas. Me sostuvo y me ofreció un mapa para navegar la vastedad de mi mundo interno. Pero de hecho estudié muchas disciplinas y algunas me cautivaron, pero otras simplemente me mostraron caminos que no eran para mí. Aprendí a leer mis propios mapas: mi Numerología, mi Carta Natal, el Árbol de la Vida, los Nodos del Karma… Me inicié en la lectura del Tarot, los Registros Akáshicos, el lenguaje de los sueños, el contacto con mi Santo Ángel Guardián… y en el proceso, fui transformando mi vida.
Y también fui compartiéndolo con quienes me dieron su voto de confianza y llenaron siempre mi agenda de consultas.
Gracias infinitas a todos ustedes…



Hace unas semanas me tomé un día para reorganizar mi estudio, este espacio físico donde nació Regreso al Origen, donde se gestaron todas las clases y cursos que alguna vez compartí e incluso en donde comencé a atender consultas 1:1… y encontré una guía impresa de mi primer taller, titulado igual que este espacio: Regreso al Origen. Me puse nostálgica… porque eso me recordó que ha sido un camino largo… y profundo.
He pasado por la experiencia de convertirme en terapeuta holística y facilitadora de muchas de esas herramientas que yo llamo “herramientas de poder”. Comencé a dar clases y consultas entre 2015 y 2016, abriendo las puertas de mi casa para recibir a quienes llegaban buscando algo que ni siquiera sabían nombrar. Luego el espacio creció, y necesité un lugar físico más grande que compartimos con mi gran amigo del alma, Josué.


En 2020 cerré ese espacio con el corazón apretado, pero con gratitud por todo lo vivido. Ese lugar fue mi sostén durante de uno de mis más dolorosos procesos de apertura de corazón y despertar de consciencia. Y luego llegó la pandemia para lanzarme al mundo digital… y así Regreso al Origen abrió sus puertas al mundo. Y lo que parecía un cierre fue, en realidad, una expansión.
En 2022 todo cambió de nuevo. Comencé a presentar síntomas cardíacos como efecto secundario de las vacunas del COVID. Fue una historia difícil, pero necesaria. Quizás esa fue la última vez que actué en contra de mi voluntad. Me vacuné tres veces. No porque lo creyera una buena idea, sino por no entrar en conflicto. Mi mamá —médico de profesión— tenía miedo. Mi esposo y yo ya habíamos pasado por el contagio, y estuve a punto de perderlo. Así que me hice a un lado, apagué mi voz, y permití que el miedo externo decidiera por mí. Decidí complacer para no preocupar y me cargué con un peso que no quería.
Las tres veces que me vacuné, mi cuerpo reaccionó mal. Lo pasé peor que con el mismo COVID. Un año después, fue mi corazón el que alzó la voz. Ya en 2018 mi chakra de la garganta lo había intentado, con un diagnóstico de Tiroiditis de Hashimoto.
«Pero no fue hasta que el corazón habló, que me atreví a escuchar de verdad… después de todo era mi corazón el que hablaba fuerte y claro. Estaba cansado.»
A partir de esa crisis, comencé a cerrar círculos. A despedirme de hábitos, relaciones, compromisos, formas de ser. Todo empezó a moverse.
Y ahora estamos aquí, en 2025. Y yo… he estado en una gran transición que se detonó el año pasado, a raíz de una experiencia muy poderosa que viví con la Diosa. Pero esa historia la guardaré para otro momento.
He estado atravesando el umbral de un nuevo despertar. No es la primera vez que paso por algo así… pero quizás sí es la vez que más lúcida me siento después de haber cruzado el bosque de la locura y rendirme, sin resistencia, a la oscuridad de mi crisálida.


Hoy sé que ya no soy una oruga. No tengo idea de cómo serán mis nuevos colores, ni qué tan grandes serán mis alas. Solo sé que se que ya no soy un gusano y que pronto comenzaré a experimentar con el arte de volar… Y mientras termino de emerger de esta crisálida tan íntima y necesaria, me estoy regalando el tiempo y la atención para despedirme de todo aquello que mi corazón me ha pedido soltar.
He llorado mucho. No de tristeza, sino de nostalgia. Por las versiones de mí que ya no volverán. Por los ciclos que se cierran. Pero también me he sentido liviana, feliz, agradecida por lo nuevo que me está esperando… y por las cosas que ya comenzaron a ser parte de esta nueva vida.
El primer paso fue dejar de saturar mi agenda. Dejé de dar clases en vivo y, en su lugar, hice una recopilación amorosa de todos los cursos que compartí en los últimos años. Hoy, todos ellos están disponibles dentro de la membresía de Proyecto ALMA. Dar ese salto no fue fácil… pero lo logré. Y a finales del 2023 lancé el programa en su nueva forma: un espacio digital dividido en dos partes.
La primera parte ofrece acceso a la recopilación de todas las Master Classes, Cursos y Formaciones que compartí desde el 2020. La segunda parte es un programa completamente dedicado a recordar cómo vivir desde el alma y abrazar nuestro propósito. Se ha convertido en un espacio muy íntimo, acompañado por un grupo de almas hermosas que ya siento como familia.
Este año estoy cerrando también mi espacio de consulta. Comprendí que en este nuevo estadío de mi proceso, mi llamado ya no es a la asistencia personal directa, sino a compartir mi voz a nivel colectivo. Poco a poco, las sesiones individuales han quedado reservadas para quienes son parte de Proyecto ALMA y están listos para el siguiente nivel dentro del programa de coaching: el de emprender con su voz y su medicina.
Mis guías me lo anticiparon cuando Proyecto ALMA era apenas una semilla. Me dijeron que quienes llegaran a este espacio para recordar cómo vivir desde el alma, pronto estarían listos para cruzar el umbral de su propósito… para ocupar su lugar en el mundo, para expandirse, para despertar a través de su propia medicina.
¡Y así ha sido!
“Ha sido profundamente transformador ser testigo del renacer de muchas de las personas que han caminado conmigo. Cada vez somos más semillas brotando.”
Por mi parte, el corazón me ha pedido retomar las artes. Escribir y pintar. Estoy escribiendo mi primer libro, y ha sido un proceso tan sanador como desafiante. Todavía falta, pero ya estoy dentro de ello. También he comprendido que hay cosas que no puedo expresar con palabras. Y allí es donde la pintura vuelve a mí, como un lenguaje que habita en mi alma desde niña.
Todo esto pide espacio. Y tiempo.

Mi cuerpo también se está transformando. Se está calibrando. Me pide más conexión, más presencia, más cuidado. Mejor alimentación. Mis rutinas se ajustan a una nueva frecuencia. Meditar ya no es una práctica ocasional… se ha vuelto una necesidad vital. Mi conexión espiritual se ha profundizado, pero también se ha vuelto más simple, más encarnada. He comprendido que para bajar el cielo a la tierra, necesitamos un canal limpio, vital y disponible. Y ese canal es nuestro cuerpo.
Por eso estoy aprendiendo a habitarlo de nuevo. A amarlo. A tratarlo como el templo del alma que es. A vincularme con él de una forma más profunda y más real.
¿Y por qué te cuento todo esto?
Porque sé que a veces nos cuesta soltar. Nos cuesta parar. Nos cuesta escuchar.
Nos cuesta honrar lo que el alma nos susurra.
Nos da miedo dejar de hacer lo que amamos… aunque ya no lo podamos sostener igual.
Y yo también pasé por eso y sé que tu también puedes estar pasando por allí.
Así que mientras me aproximo a nuevos horizontes, quiero dejarte un mensaje desde lo más profundo de mi alma hacia la tuya.
No tengas miedo de decir que no.
No tengas miedo de cerrar ciclos, de despedirte, de soltar incluso aquello que alguna vez amaste con todo tu ser.
No tengas miedo de tomar una pausa, de frenar el ritmo, de vaciarte para volver a escuchar.
No tengas miedo de emprender un nuevo camino, incluso si aún no puedes ver con claridad hacia dónde lleva.
Y sobre todo… no tengas miedo de rendirte a la voluntad divina de tu alma.
Ella sabe. Siempre ha sabido. Y cuando te rindes a su guía, aunque al principio parezca que todo se desordena, en realidad todo comienza a alinearse.
Estamos aquí para recordar. Para ocupar el lugar único que nos fue reservado en este mundo. Un lugar que nadie más puede ocupar por ti. Estamos aquí para transformarnos… y al hacerlo, abrir caminos nuevos no solo para nosotros, sino para esta Tierra que también está despertando con nosotros.
Gracias por caminar conmigo.
Gracias por permitir que mi historia resuene con la tuya.
Hoy, al escribir estas palabras después de un fin de semana que fue, sin duda, un portal de regreso… siento que la crisálida se ha roto. Ya no estoy esperando el cambio: el cambio ocurrió. No como un suceso repentino, sino como un suave pero definitivo asentamiento del alma.
Ya no estoy huyendo del pasado, ni corriendo hacia el futuro. Estoy aquí, en mí, en paz.
Desde este nuevo lugar —más claro, más suave, más verdadero— te abrazo.
Con Amor, desde el otro lado del umbral,
Stefanie 🌙🦋