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Estas son las cuentas…

(Shemot/ Éxodo 38:21 – 40:38)

Preparar la Vasija…

Cuando logramos alinearnos con la energía espiritual disponible en cada momento, los milagros comienzan a ocurrir. Aquello que parecía imposible empieza a abrirse camino, alcanzamos lo que antes parecía inalcanzable y nuestra vida comienza a transformarse de maneras que no habíamos imaginado.

No se trata únicamente de lograr ciertos resultados externos. La verdadera transformación ocurre dentro de nosotros. Cuando el alma comienza a vibrar con mayor fuerza, las capas que la limitaban empiezan a romperse y poco a poco dejamos de vivir desde las viejas estructuras del ego. En ese proceso comenzamos simplemente a SER, a expresar una versión más auténtica y consciente de nosotros mismos.

La porción de Pekudei inicia recordándonos una enseñanza importante:

«Podemos comenzar nuestro camino espiritual solos, pero para avanzar hacia niveles más profundos necesitamos reconocer la presencia de algo mayor que nosotros mismos.»

La tradición lo expresa de esta manera: necesitamos a Dios, a nuestros maestros y a aquellos guías que, habiendo recorrido parte del camino antes que nosotros, pueden ofrecernos herramientas y sabiduría para seguir avanzando. Reconocer que no podemos hacerlo todo solos es un acto de humildad. Aunque el trabajo espiritual es profundamente personal e individual, también es cierto que existen almas que han desarrollado mayor claridad y que pueden ayudarnos a ver aquello que todavía no somos capaces de percibir por nosotros mismos.

El verdadero trabajo consiste en transformar nuestro deseo egoísta de recibir únicamente para nosotros mismos en el deseo de recibir para poder compartir. Sin embargo, este proceso no es sencillo ni automático. Para lograrlo necesitamos acceder a la Luz del Creador, porque es esa Luz la que nos da la fuerza y la claridad necesarias para realizar una transformación tan profunda.

Desde esta perspectiva, todo el material que la Torah describe para la construcción del Mishkan no se refiere únicamente a la construcción de un santuario físico. En un nivel más profundo, cada uno de esos elementos representa las cualidades y procesos internos que necesitamos desarrollar para construir nuestra propia vasija espiritual.

«El Mishkan o santuario simboliza la vasija que cada uno de nosotros debe preparar dentro de sí mismo para que la Luz pueda habitar en ella.»

Cada vez que creamos un espacio en nuestra consciencia para permitir que la presencia del Creador entre en nuestra vida, estamos construyendo ese santuario. Lo hacemos cuando abrimos espacio para la consciencia en nuestro hogar, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones y en las decisiones que tomamos cada día.

La presencia del Creador es constante y su guía nunca deja de estar disponible. Sin embargo, con frecuencia somos nosotros quienes no queremos escucharla. Muchas veces esa guía se presenta como una incomodidad que nos empuja fuera de nuestra zona de confort y nos impulsa hacia el cambio, la búsqueda y la expansión. La incomodidad que sentimos al escuchar esa guía suele ser momentánea. En cambio, cuando elegimos ignorarla, el caos que generamos en nuestra vida puede prolongarse mucho más tiempo.

Por eso esta última lección del libro de Shemot (Éxodo) nos recuerda algo muy importante: el camino espiritual no es fácil, pero eso no significa que debamos abandonar el esfuerzo.

A lo largo de la historia, muchos grandes maestros espirituales enfrentaron incomprensión, rechazo e incluso persecución. Sin embargo, su ejemplo nos recuerda una verdad profunda que nos dice que donde hay una gran Luz destinada a revelarse, también aparece una gran resistencia que intenta impedir esa revelación.

Esto nos deja una enseñanza poderosa:

«Cuando encontramos grandes obstáculos en nuestro camino espiritual, muchas veces no es una señal de que estemos equivocados, sino una señal de que estamos acercándonos a una transformación importante.»

Cuanto más cerca estamos de realizar una revelación significativa de Luz, más intensas pueden volverse las dificultades. Es precisamente en ese momento cuando necesitamos ejercer restricción sobre el ego y apoyarnos en todo el conocimiento y las herramientas que hemos desarrollado para mantenernos firmes y continuar avanzando.

La parashá Pekudei cierra también el libro de Éxodo, y cada vez que concluimos el estudio de uno de los libros de la Torah pronunciamos las palabras “Jazak, Jazak, Jazak”, que significa: Fuerza, fuerza, fuerza.

Este recordatorio es muy apropiado para el final de este ciclo, porque el camino espiritual requiere perseverancia, valentía y certeza. No siempre será fácil, pero cada pequeño avance que logramos, por insignificante que parezca, contribuye no solo a nuestra propia transformación sino también al camino de quienes vendrán después.

Sigamos adelante con determinación y recordemos que cada paso que damos con consciencia deja una huella en el camino. Y esas huellas pueden convertirse en guía para otras almas que, más adelante, también buscarán su camino hacia la Luz.

Abajo te dejo la hoja de trabajo descargable y nos vemos la próxima semana.

Con Amor, Stefanie.-

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